Que el 26 de septiembre de 2007 The New Yor Times (sic.) publicó el reportaje “Con bombas, rebeldes mexicanos escalan su lucha”, firmado por James C. Mckinley Jr. y Antonio Betancourt, en el cual se cita a un funcionario de la Presidencia de la República de México, quien reconoce que desde 1999 grupos terroristas han cometido en México alrededor de 100 secuestros, por los cuales han obtenido unos 70 millones de dólares y cuyos autores se encuentran absolutamente impunes (no hay ni solo detenido).
Esta es una perla clara de la forma en que el señor Ortega gusta de tergiversar la información para confundir a la opinión pública; el supuesto funcionario de presidencia es Eduardo Medina Mora, el procurador general, y la nota no habla de grupos terroristas sino de uno sólo, del EPR, a quién se atribuyen los 100 secuestros y los 70 millones, del que sí hay muchos detenidos ¿Con qué dones alquimísticos pasa el razonamiento de don Toño Ortega, del EPR a Morett? sólo el espíritu santo lo sabe.
Qué Juan González Castillo, uno de los mexicanos muertos en el ataque, no llamó por teléfono a su casa el 19 de enero, día del cumpleaños de su padre, y que eso quiere decir que sin duda estaba concentrado en un campamento de las FARC recibiendo entrenamiento terrorista.
Eso debe ser verdad, el pasado 9 de junio, por ejemplo, no llamé a mi hermana por su cumpleaños; de seguro porque estaba concentrado en una base de Al Quaeda... eso explica porque mi familia me trató durante todo ese mes como si trajera explosivos en la panza.
Que Lucía y los mexicanos que fueron a Ecuador son seguramente los representantes de las FARC en México, porque su firma NO aparece entre los convocantes a un congreso de Solidaridad con la Luchas del Pueblo Colombiano; lo cual seguramente es un indicio claro de que ya entonces los compromisos de estas personas con las FARC ya había llegado mucho más allá de las palabras y por lo mismo había que bajar el perfil público de los integrantes del Núcleo. Eso es justamente lo que se hace cuando se pasa a la clandestinidad que exige la profesión terrorista.
Querido lector, si tú tampoco firmaste esa convocatoria de seguro es porque eres un terrorista clandestino que ya está pensando en ir a poner bombas al Mc Donald’s más cercano.
Pruebas de la misma “solidez” y talante se repiten a lo largo de las 77 páginas de la denuncia; uno de los mayores desperdicios de papel bond de nuestro tiempo.
Firmada por 7 personas, 4 de la misma familia, esta denuncia no debería importarle mucho a Lucía, por lo cual esperamos su pronto regreso, sobre todo aquellos disidentes que, como yo, queremos proponerle matrimonio (a lo mejor por eso es que no regresa).
Y sabe qué señor Ortega, no mame.
jueves, 24 de abril de 2008
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En las tupidas selvas de Malasia fue que me topé con el monstruo. Lo enfrenté valientemente —no podía esperar menos de mí— pero pese a todos mis esfuerzos, el fuego de mis armas no lo dañaba. Cuando se acabó la munición la emprendí a golpes con él; más daño le hicieron un par de mentadas, que no sé si comprendió, y me vi precisado a efectuar una retirada estratégica (ojo, no fue una huída). Escondíme en lo recóndito de la selva, pero el bruto tenía visión infrarroja, y como siempre he sido muy calientón, —a según me han dicho dos que tres novias— no tenía ninguna dificultad en encontrarme. Decidido a seguir luchando hasta la muerte, me metí en un río, en parte porque me gusta estar limpio cuando peleo, en parte porque pensé que era por el olor por lo que me seguía el rastro. El monstruo se acercó hasta casi tocarme, no obstante, parecía confundido, —fue entonces que descubrí lo de la visión infrarroja... lo cual prueba que no soy sólo un saco de músculos— situación que aproveché para alejarme y cubrirme con lodo para disminuir mi temperatura corporal de manera estable mientras me retiraba para prepararme y combatir otro día. Poco tiempo después pude matar a la mala bestia y, además, gracias al lodo, mi piel quedo lisita y libre de espinillas.
Así Me Escapé del Depredador
Diciembre 2007

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