lunes, 31 de marzo de 2008

Fitna 2


Cambio de página; aparece en el libro abierto el siguiente texto:

—Deuteronomio 20,17:
en las ciudades de estos pueblos que Jehovah tu Dios te da por heredad, no dejarás con vida a ninguna persona. Los destruirás completamente, como Jehovah tu Dios te ha mandado.

En la página derecha aparece Moshe Dayan dando un discurso, en yidish por supuesto, los subtítulos en inglés aclaran la situación; refiriéndose a los palestinos dice:

—¡van a seguir viviendo como perros, y el que quiera irse, que se vaya!

Corte a un suburbio israelí, cerca de la frontera con Gaza, por las orillas del asentamiento pasean tres adolescentes con sus kipás, a la espalda cada uno carga su respectivo rifle Kalashnikov. Detrás de la reja fronteriza sólo se ve desolación.

Mientras pasan las imágenes, Dayan sigue hablando, ahora su lógica canina le impele a decir:

—Israel debe ser como un perro rabioso, demasiado peligroso para molestarlo.

Salto de página.

Fitna 1

Según le explicó a Mastropiero,
los musulmanes más fanáticos eran llamados “Muy-sulmanes”;
y por el contrario los que sólo cumplían en parte los preceptos de Mahoma
eran “Ma-o-menos”. -Les Luthiers-


Fondo negro; disolvencia a las primera páginas de un libro abierto: A la derecha, la caricatura de Rius donde Jesucristo guía a un jerarca de la iglesia revestido de oro. A la izquierda, un cronómetro avanza mientras hace su acostumbrado tic tac.

Vuelta de página, a la izquierda, las siguientes palabras aparecen lentamente:

—Éxodo 23,27:
Yo enviaré mi terror delante de ti y traeré confusión a todo pueblo donde tú entres.


Las palabras se quedan mientras en la página derecha aparecen imágenes de las retroexcavadoras israelíes arrasando casas y disparando al azar contra sus ocupantes; algunos huyen, otros les tiran piedras.

La página derecha se abre, se ven imágenes de un F15 sobre Beirut, estrellas de David bajo las alas, deja caer tres objetos brillantes y enseguida se oyen las explosiones. Al fondo, un par de edificios departamentales se desploma.

Corte a un grupo de libaneses retirando escombros, debajo de ellos se vislumbra una mano.

Medium-Long del mismo grupo de libaneses trabajando, han logrado desenterrar medio cuerpo de una niña. Close up al rostro, está muerta.

miércoles, 12 de marzo de 2008

Industria Editorial


Harry Potter y todos sus personajes y elementos relacionados son marcas registradas propiedad de Warner Brothers.

Es la leyenda que aparece —palabras más, palabras menos— en las páginas de presentación de cada uno de los libros de Harry Potter. Me pregunto que diría Dobby de eso; él, que murió por ser un elfo libre, atado a un contrato de privacidad con la más grande corporación mediática de la época. Yo, personalmente, preferiría servir en las filas de Lord Voldemort. Pero a eso es a lo que nos exponemos en un mundo con pocos lectores, y dónde la literatura es —cada día más— un negocio poco redituable. Me pregunto que pasará si sólo las grandes corporaciones llegaran a controlar el mercado editorial. Sería el infierno: imagínense una librería llena de títulos de Carlos Cuahutémoc Sánchez y Miguel Angel Cornejo... desaparecería El Capital, o se le cambiarían palabras... Chomsky, que ya de por sí no tiene espacio ni en radio ni en televisión, desaparecería también de las estanterías... Gramsci, Habermasss, Lacan; a la basura, —y éste último quizás no me importaría tanto— en fin; no creo que necesite describir más el espectro de la tragedia. Para evitarla habría que acabar con la tendencia a aumentar el privilegio de los derechos de los productores por encima de los autores. Eso y leer; mucho y de todo. Y sólo para que quede constancia de que Dobby no murió en vano aquí repito su nombre: Dobby, Dobby, Dobby. Y sin permiso de la Warner, quihubo.

Lecturas Electrónicas


Los poemas suelen ser papel mojado. —Mario Bennedetti

Dos cosas son, por lo tanto, indispensables para que el poema cobre vida: hojas y líquido de alguna especie; no importa quien ponga qué, —el lector o el autor— de lo que se trata es de fertilizar el papel. Por eso no me vengan con que los nuevos dispositivos de lectura electrónica van a desplazar a los libros de hoja y tinta; es simplemente absurdo. Quién sea que ame leer es testigo del placer incomparable que produce sentir el peso de un ladrillo de mil páginas encima de las palmas abiertas de las manos, el crujido de las hojas al dar vuelta, el olor de una página polvorosa y llena de moho, eyacular encima de la descripción de los muslos de la princesa Budur en Las Mil Noches Una Noches, dejar que la espuma de una cerveza resbale sobre un verso de Bukowski, el tap-tap de tres lágrimas cayendo sobre el epitafio de Dobby, un elfo libre, que quedan marcadas como puntos suspensivos. Y es que...

con semen,
con vino,
con nieve,
con llanto;
los poemas suelen ser
papel mojado.
En las tupidas selvas de Malasia fue que me topé con el monstruo. Lo enfrenté valientemente —no podía esperar menos de mí— pero pese a todos mis esfuerzos, el fuego de mis armas no lo dañaba. Cuando se acabó la munición la emprendí a golpes con él; más daño le hicieron un par de mentadas, que no sé si comprendió, y me vi precisado a efectuar una retirada estratégica (ojo, no fue una huída). Escondíme en lo recóndito de la selva, pero el bruto tenía visión infrarroja, y como siempre he sido muy calientón, —a según me han dicho dos que tres novias— no tenía ninguna dificultad en encontrarme. Decidido a seguir luchando hasta la muerte, me metí en un río, en parte porque me gusta estar limpio cuando peleo, en parte porque pensé que era por el olor por lo que me seguía el rastro. El monstruo se acercó hasta casi tocarme, no obstante, parecía confundido, —fue entonces que descubrí lo de la visión infrarroja... lo cual prueba que no soy sólo un saco de músculos— situación que aproveché para alejarme y cubrirme con lodo para disminuir mi temperatura corporal de manera estable mientras me retiraba para prepararme y combatir otro día. Poco tiempo después pude matar a la mala bestia y, además, gracias al lodo, mi piel quedo lisita y libre de espinillas.

Así Me Escapé del Depredador

Así Me Escapé del Depredador
Diciembre 2007