miércoles, 23 de abril de 2008

Lucía 3

Cangrejos al combate, cangrejos al compás
dos pasos pa’ adelante, 200 para atrás...


Guillermo Velasco Arzac, el mismo de los espots que comparan a Andrés Manuel con el Fhürer, es otro de los firmantes de la denuncia contra Lucía y contra cualquier otro estudiante con camisa del Ché cuyo pelo cuelgue a la altura de sus omoplatos. Una autosemblanza suya, publicada en el 2003 nos refiere que el personaje histórico con el que más se identifica es Hernán Cortés, famoso terrorista del siglo XVI. Su hermano, José Manuel, es presidente de la Confederación Nacional de Escuelas Particulares, organismo que pretende regresar la educación a como estaba en los tiempos de Iturbide, y sustituir los libros de biología de primaria por la historia de Eva, Adán y la abejita fertilizadora.
Junto a Pepe y Memo, siete personas más firman la denuncia; de ellas, cinco se apellidan, casualmente, Ortega.

—Hermano, tío, primo, cuñado, firmen aquí, me reparten estos volantes, nos vemos en misa de siete.

Con tamaño poder de convocatoria, al CeCe para la Se Pu Jota Pe, le basta y le sobra para decir lo siguiente, a nombre de todos los mexicanos....

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En las tupidas selvas de Malasia fue que me topé con el monstruo. Lo enfrenté valientemente —no podía esperar menos de mí— pero pese a todos mis esfuerzos, el fuego de mis armas no lo dañaba. Cuando se acabó la munición la emprendí a golpes con él; más daño le hicieron un par de mentadas, que no sé si comprendió, y me vi precisado a efectuar una retirada estratégica (ojo, no fue una huída). Escondíme en lo recóndito de la selva, pero el bruto tenía visión infrarroja, y como siempre he sido muy calientón, —a según me han dicho dos que tres novias— no tenía ninguna dificultad en encontrarme. Decidido a seguir luchando hasta la muerte, me metí en un río, en parte porque me gusta estar limpio cuando peleo, en parte porque pensé que era por el olor por lo que me seguía el rastro. El monstruo se acercó hasta casi tocarme, no obstante, parecía confundido, —fue entonces que descubrí lo de la visión infrarroja... lo cual prueba que no soy sólo un saco de músculos— situación que aproveché para alejarme y cubrirme con lodo para disminuir mi temperatura corporal de manera estable mientras me retiraba para prepararme y combatir otro día. Poco tiempo después pude matar a la mala bestia y, además, gracias al lodo, mi piel quedo lisita y libre de espinillas.

Así Me Escapé del Depredador

Así Me Escapé del Depredador
Diciembre 2007