jueves, 24 de abril de 2008

Lucía 4

Que ella [Lucía Morett] salvó su vida porque, pese a su estrecha relación con “Raúl Reyes”, horas antes del ataque había sido castigada por una falta disciplinaria y enviada a las orillas del campamento, a los corrales de los animales.

Eso según una nota del diario El Universo, fechada el 5 de marzo, en la que no se menciona ninguna “estrecha relación” de Lucía con Raúl Reyes y en la que la única palabra de Lucía respecto al tema es la palabra “chanchito” que la prensa decidió interpretar como que estaba castigada. La declaración, para el caso, es posible que ni siquiera haya sido de primera mano, sino más bien una filtración de la inteligencia militar ecuatoriana que resguardó el hospital no bien la mexicana llegó ahí, por lo que resulta inverosímil que exista una nota de prensa al respecto que fuera de primera mano.

Que hay una carta en la que un jefe del grupo terrorista mexicano Milicias Insurgentes Ricardo Flores Magón (MI-RFM) le solicita al número dos de las FARC entrenamiento terrorista para integrantes de su organización. “Casualmente” la redacción de los comunicados del grupo terrorista mexicano es idéntica a la de los comunicados del Núcleo Mexicano de Apoyo a las FARC, a la cual pertenecían los 16 mexicanos que fueron a Ecuador.

Y la redacción de esta denuncia contra Morett es idéntica a la redacción de la sentencia contra el padre Miguel Hidalgo por la Inquisición, lo cual no quiere decir que hayan sido hechas por la misma persona (¿o sí?). No existe evidencia, además, de que Lucía pertenezca al Núcleo de Apoyo a las FARC, ni al MI-RFM.

Qué la inteligencia de Colombia dio a conocer que Lucía Morett quedó como responsable de las FARC en México tras la expulsión en 2002 de ciudadanos colombianos que representaban al grupo terrorista.


Y casualmente lo dio a conocer después del ataque y mancillamiento a Lucía... Realmente esta declaración sólo evidencia cuan semejantes son la inteligencia del señor Ortega y la inteligencia militar Colombiana al continente perdido de la Atlántida.

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En las tupidas selvas de Malasia fue que me topé con el monstruo. Lo enfrenté valientemente —no podía esperar menos de mí— pero pese a todos mis esfuerzos, el fuego de mis armas no lo dañaba. Cuando se acabó la munición la emprendí a golpes con él; más daño le hicieron un par de mentadas, que no sé si comprendió, y me vi precisado a efectuar una retirada estratégica (ojo, no fue una huída). Escondíme en lo recóndito de la selva, pero el bruto tenía visión infrarroja, y como siempre he sido muy calientón, —a según me han dicho dos que tres novias— no tenía ninguna dificultad en encontrarme. Decidido a seguir luchando hasta la muerte, me metí en un río, en parte porque me gusta estar limpio cuando peleo, en parte porque pensé que era por el olor por lo que me seguía el rastro. El monstruo se acercó hasta casi tocarme, no obstante, parecía confundido, —fue entonces que descubrí lo de la visión infrarroja... lo cual prueba que no soy sólo un saco de músculos— situación que aproveché para alejarme y cubrirme con lodo para disminuir mi temperatura corporal de manera estable mientras me retiraba para prepararme y combatir otro día. Poco tiempo después pude matar a la mala bestia y, además, gracias al lodo, mi piel quedo lisita y libre de espinillas.

Así Me Escapé del Depredador

Así Me Escapé del Depredador
Diciembre 2007