lunes, 7 de abril de 2008

Los prometeos 3


Época actual. Los grandes consorcios internacionales intentan adueñarse de todo el conocimiento y la tecnología del mundo para almacenarlos en la cima de su montaña corporativa protegidos por un círculo de nubes. De vez en cuando, acceden a liberar uno que otro tip “gratis”, más forrado de “Ads” que un auto de la Nascar, en la esperanza de que comprendamos que la felicidad puede alcanzarse con el sudor de nuestros bolsillos.

Algunos inmortales, sin embargo,
se atrevieron a crear
Linux
Napster
y la Wikipedia

Y no puedo más que preguntarme; ¿qué tortura les corresponde?

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En las tupidas selvas de Malasia fue que me topé con el monstruo. Lo enfrenté valientemente —no podía esperar menos de mí— pero pese a todos mis esfuerzos, el fuego de mis armas no lo dañaba. Cuando se acabó la munición la emprendí a golpes con él; más daño le hicieron un par de mentadas, que no sé si comprendió, y me vi precisado a efectuar una retirada estratégica (ojo, no fue una huída). Escondíme en lo recóndito de la selva, pero el bruto tenía visión infrarroja, y como siempre he sido muy calientón, —a según me han dicho dos que tres novias— no tenía ninguna dificultad en encontrarme. Decidido a seguir luchando hasta la muerte, me metí en un río, en parte porque me gusta estar limpio cuando peleo, en parte porque pensé que era por el olor por lo que me seguía el rastro. El monstruo se acercó hasta casi tocarme, no obstante, parecía confundido, —fue entonces que descubrí lo de la visión infrarroja... lo cual prueba que no soy sólo un saco de músculos— situación que aproveché para alejarme y cubrirme con lodo para disminuir mi temperatura corporal de manera estable mientras me retiraba para prepararme y combatir otro día. Poco tiempo después pude matar a la mala bestia y, además, gracias al lodo, mi piel quedo lisita y libre de espinillas.

Así Me Escapé del Depredador

Así Me Escapé del Depredador
Diciembre 2007