martes, 15 de abril de 2008

Por Lucía 1


Desde que en la preparatoria me forzaron a resumir un capítulo de “Juventud en Éxtasis” no leía tantas idioteces juntas. Pero como dicen en el box, tenemos un nuevo campeón. O nuevos campeones porque, pese al liderazgo de José Antonio Ortega, se requiere de un trabajo en conjunto para producir un panfleto con tantas obscenidades como lo es la denuncia del Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justica Penal, en contra de Lucía Morett, por el delito de ser una intelectual a prueba de bombas.

Un resumen de las ideas —si es que pueden llamarse tales— principales del texto pueden encontrarlo en: http://www.seguridadjusticiaypaz.org/index.php?option=com_content&task=view&id=169&Itemid=43


La denuncia formal completa pueden bajarla también de la página de dicha organización. Por razones de higiene personal, empero, no reproduciremos en este blog ninguno de los dos textos, pero sírvase usted, querido lector, de consultarlos en ventanas alternas, a fin de comprender los comentarios que en lo sucesivo haremos a sus contenidos. Le recomendamos hacerlo en ayunas, no vaya a ser devuelva su desayuno sobre el teclado del ordenador.

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En las tupidas selvas de Malasia fue que me topé con el monstruo. Lo enfrenté valientemente —no podía esperar menos de mí— pero pese a todos mis esfuerzos, el fuego de mis armas no lo dañaba. Cuando se acabó la munición la emprendí a golpes con él; más daño le hicieron un par de mentadas, que no sé si comprendió, y me vi precisado a efectuar una retirada estratégica (ojo, no fue una huída). Escondíme en lo recóndito de la selva, pero el bruto tenía visión infrarroja, y como siempre he sido muy calientón, —a según me han dicho dos que tres novias— no tenía ninguna dificultad en encontrarme. Decidido a seguir luchando hasta la muerte, me metí en un río, en parte porque me gusta estar limpio cuando peleo, en parte porque pensé que era por el olor por lo que me seguía el rastro. El monstruo se acercó hasta casi tocarme, no obstante, parecía confundido, —fue entonces que descubrí lo de la visión infrarroja... lo cual prueba que no soy sólo un saco de músculos— situación que aproveché para alejarme y cubrirme con lodo para disminuir mi temperatura corporal de manera estable mientras me retiraba para prepararme y combatir otro día. Poco tiempo después pude matar a la mala bestia y, además, gracias al lodo, mi piel quedo lisita y libre de espinillas.

Así Me Escapé del Depredador

Así Me Escapé del Depredador
Diciembre 2007