—¡Pobre imbécil!
La frase en francés se pierde en la traducción de las agencias, pero su intención permanece; humillar a un ciudadano decente desde una posición de poder.
Un ciudadano decente porque, preocuparse por la higiene personal ante la inminencia de un político, debería ser bastante normal para cualquier persona cuerda y así debió de haberlo entendido el primer mandatario de los galos, y así deben entenderlo todos los mandatarios del mundo; hasta nuestro buen Calderón, por más que presuma de lavarse diario las manos.
Éste último, sin embargo, más caballero que Sarkozy o que Fox, no osaría llamar pobre imbécil a un simple paseante; él prefiere proponer iniciativas judiciales para reprimir las libertades civiles ¡Eso es ser un estadista, caraxo! Así ni quién le diga nada.

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