miércoles, 6 de febrero de 2008

Los enemigos de la comunicación 2 o "dejad de solicitar, y luego con mayor razón..."

Porque en esto de ser enemigo de la comunicación hay dos clases; los comunicólogos y quienes los consumen. Que ya lo dijo Sor Juana: “¿Quién mayor culpa ha tenido / en una pasión errada; / la que peca por la paga, / o el que paga por pecar?” Que si nadie viera Laura en América o escuchara a Pedro Ferriz, ya hace tiempo habrían salido del aire. Así pues “para que os asustáis de la culpa que tenéis...” queredlas como las veis o vedlas como queráis... lo cual se parece mucho al argumento de que quien tiene el control tiene el poder... claro, como hay tanto de dónde escoger: Desde “Hoy” a “Tempranito” de la oreja a “Ventaneando”, de “Rebelde” a “la Academia”... ¡Cielos! No sé que hacer con opciones tan diversas. Ahora que, la verdad, no escucho a nadie que se queje y, por el contrario, si veo a muchos de corbatita suelta o cantando las canciones que se fusila Yahir. ¿Será que los mexicanos somos, como decía papá Tigre, una clase media jodida?

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En las tupidas selvas de Malasia fue que me topé con el monstruo. Lo enfrenté valientemente —no podía esperar menos de mí— pero pese a todos mis esfuerzos, el fuego de mis armas no lo dañaba. Cuando se acabó la munición la emprendí a golpes con él; más daño le hicieron un par de mentadas, que no sé si comprendió, y me vi precisado a efectuar una retirada estratégica (ojo, no fue una huída). Escondíme en lo recóndito de la selva, pero el bruto tenía visión infrarroja, y como siempre he sido muy calientón, —a según me han dicho dos que tres novias— no tenía ninguna dificultad en encontrarme. Decidido a seguir luchando hasta la muerte, me metí en un río, en parte porque me gusta estar limpio cuando peleo, en parte porque pensé que era por el olor por lo que me seguía el rastro. El monstruo se acercó hasta casi tocarme, no obstante, parecía confundido, —fue entonces que descubrí lo de la visión infrarroja... lo cual prueba que no soy sólo un saco de músculos— situación que aproveché para alejarme y cubrirme con lodo para disminuir mi temperatura corporal de manera estable mientras me retiraba para prepararme y combatir otro día. Poco tiempo después pude matar a la mala bestia y, además, gracias al lodo, mi piel quedo lisita y libre de espinillas.

Así Me Escapé del Depredador

Así Me Escapé del Depredador
Diciembre 2007