domingo, 17 de febrero de 2008

Kosovo... me suena, me suena.

Hoy es el día de la independencia;
independencia y soberanía,
y ya que es el día de la independencia,
la independencia, ¡que bien que nos vendría!

Sin influencia foránea vivamos
puros, Feudalia, así como tú;
hoy en tu día, por eso cantamos:
happy birthday... to you.
-Canción a la independencia de Feudalia, Les Luthiers.

Que ese va a ser el nuevo tono que van a estar cantando los kosovares por los siguientes veinte años, considerando el tiempo que se tardan los cascos azules en concluir sus misiones de pacificación. O en darse por vencidos, antes de que los secuestren o los saquen a bombazo limpio del recién nacido país; que jamás en la historia de la humanidad habíase visto fuerza armada tan inútil, hipócrita y desprevenida. Estados Unidos ya podría estarse consiguiendo otros mercenarios para el caso. A ver si los de la EULEX salen mejorcitos. De cualquier forma, eso tiene de independencia lo que el TANG sabor naranja tiene de naranja. Por lo pronto ya todos los noticieros del hemisferio se han apresurado a reivindicar el suceso, destacando que los habitantes serbios de la región son minoría. Lo mismo dijeron de los mexicanos en Texas.

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En las tupidas selvas de Malasia fue que me topé con el monstruo. Lo enfrenté valientemente —no podía esperar menos de mí— pero pese a todos mis esfuerzos, el fuego de mis armas no lo dañaba. Cuando se acabó la munición la emprendí a golpes con él; más daño le hicieron un par de mentadas, que no sé si comprendió, y me vi precisado a efectuar una retirada estratégica (ojo, no fue una huída). Escondíme en lo recóndito de la selva, pero el bruto tenía visión infrarroja, y como siempre he sido muy calientón, —a según me han dicho dos que tres novias— no tenía ninguna dificultad en encontrarme. Decidido a seguir luchando hasta la muerte, me metí en un río, en parte porque me gusta estar limpio cuando peleo, en parte porque pensé que era por el olor por lo que me seguía el rastro. El monstruo se acercó hasta casi tocarme, no obstante, parecía confundido, —fue entonces que descubrí lo de la visión infrarroja... lo cual prueba que no soy sólo un saco de músculos— situación que aproveché para alejarme y cubrirme con lodo para disminuir mi temperatura corporal de manera estable mientras me retiraba para prepararme y combatir otro día. Poco tiempo después pude matar a la mala bestia y, además, gracias al lodo, mi piel quedo lisita y libre de espinillas.

Así Me Escapé del Depredador

Así Me Escapé del Depredador
Diciembre 2007