sábado, 16 de febrero de 2008

El versificador


It was only an 'opeless fancy.
It passed like an Ipril dye,
But a look an' a word an' the dreams they stirred!
They 'ave stolen my 'eart awye! -
1984, George Orwell.


Las discográficas modernas, sin embargo, no han necesitado de la ayuda de un dispositivo tecnológico como el versificador orwelliano. Afortunadamente para ellas, el trastorno histriónico de la personalidad es cada vez más común entre los adolescentes, quienes sin el menor empacho, apenas aprenden el círculo de Do en su guitarra de Paracho, ya se sienten la mamá de Carlos Santana. No es tampoco infrecuente ver púberes que se emocionan hasta las lágrimas cuando son capaces de ligar un par de consonantes, aunque sólo puedan hacerlo rimando con infinitivos:

—Toda la vida te voy a esperar
y mucha ropa te voy a lavar
nada conmigo te podrá faltar
siempre y para siempre te voy a amar...

Que por cierto, es uno de los recursos favoritos de la música de rap. Para reggaetón, empero, la palabra “nalga” es indispensable; úsense por lo tanto sus consonantes:
salga, valga, cabalga, alga, hidalga, galga...

Una variante, no menos usual en este ritmo, es su sinónimo “culo”:
mulo, disimulo, nulo, anulo, julo, adulo, bulo, rulo, articulo, especulo, deambulo...

E indispensable en este y otros géneros es el abuso de la palabra “amor”

Si usted es compositor, siga estas y otras sencillas reglas y de seguro conseguirá aparecer en los top charts o, de menos, será un fuerte candidato para ganar el próximo desafío de estrellas, o american idol que se celebre.

Si usted es un consumidor, y cree que Ricardo Arjona canta trova y que “Todo a Pulmón” es una canción de Nicho Hinojosa, entonces no pierda tiempo y ráyele sus cuadernos al productor de este blog, cuya intención era burlarse de usted cuando publicó esta entrada.

No hay comentarios:

En las tupidas selvas de Malasia fue que me topé con el monstruo. Lo enfrenté valientemente —no podía esperar menos de mí— pero pese a todos mis esfuerzos, el fuego de mis armas no lo dañaba. Cuando se acabó la munición la emprendí a golpes con él; más daño le hicieron un par de mentadas, que no sé si comprendió, y me vi precisado a efectuar una retirada estratégica (ojo, no fue una huída). Escondíme en lo recóndito de la selva, pero el bruto tenía visión infrarroja, y como siempre he sido muy calientón, —a según me han dicho dos que tres novias— no tenía ninguna dificultad en encontrarme. Decidido a seguir luchando hasta la muerte, me metí en un río, en parte porque me gusta estar limpio cuando peleo, en parte porque pensé que era por el olor por lo que me seguía el rastro. El monstruo se acercó hasta casi tocarme, no obstante, parecía confundido, —fue entonces que descubrí lo de la visión infrarroja... lo cual prueba que no soy sólo un saco de músculos— situación que aproveché para alejarme y cubrirme con lodo para disminuir mi temperatura corporal de manera estable mientras me retiraba para prepararme y combatir otro día. Poco tiempo después pude matar a la mala bestia y, además, gracias al lodo, mi piel quedo lisita y libre de espinillas.

Así Me Escapé del Depredador

Así Me Escapé del Depredador
Diciembre 2007