Los poemas suelen ser papel mojado. —Mario Bennedetti
Dos cosas son, por lo tanto, indispensables para que el poema cobre vida: hojas y líquido de alguna especie; no importa quien ponga qué, —el lector o el autor— de lo que se trata es de fertilizar el papel. Por eso no me vengan con que los nuevos dispositivos de lectura electrónica van a desplazar a los libros de hoja y tinta; es simplemente absurdo. Quién sea que ame leer es testigo del placer incomparable que produce sentir el peso de un ladrillo de mil páginas encima de las palmas abiertas de las manos, el crujido de las hojas al dar vuelta, el olor de una página polvorosa y llena de moho, eyacular encima de la descripción de los muslos de la princesa Budur en Las Mil Noches Una Noches, dejar que la espuma de una cerveza resbale sobre un verso de Bukowski, el tap-tap de tres lágrimas cayendo sobre el epitafio de Dobby, un elfo libre, que quedan marcadas como puntos suspensivos. Y es que...
con semen,
con vino,
con nieve,
con llanto;
los poemas suelen ser
papel mojado.
Dos cosas son, por lo tanto, indispensables para que el poema cobre vida: hojas y líquido de alguna especie; no importa quien ponga qué, —el lector o el autor— de lo que se trata es de fertilizar el papel. Por eso no me vengan con que los nuevos dispositivos de lectura electrónica van a desplazar a los libros de hoja y tinta; es simplemente absurdo. Quién sea que ame leer es testigo del placer incomparable que produce sentir el peso de un ladrillo de mil páginas encima de las palmas abiertas de las manos, el crujido de las hojas al dar vuelta, el olor de una página polvorosa y llena de moho, eyacular encima de la descripción de los muslos de la princesa Budur en Las Mil Noches Una Noches, dejar que la espuma de una cerveza resbale sobre un verso de Bukowski, el tap-tap de tres lágrimas cayendo sobre el epitafio de Dobby, un elfo libre, que quedan marcadas como puntos suspensivos. Y es que...
con semen,
con vino,
con nieve,
con llanto;
los poemas suelen ser
papel mojado.

1 comentario:
Me alegra volver a leerte, ya te habías tardado José. Me animo a hacerte el comentario de que he disfrutado particularmente este texto, no sé si porque me hizo recordar aquel olorcito rancio y rico que tiene uno de mis libros favoritos y que me hace disfrutar siempre sus letras.
No he leído muchos libros, pero sí he fertilizado con mis líquidos unos cuantos, y ésa es una entrañable experiencia. Gracias por ayudarme a extraer esos detalles maravillosos de mi memoria.
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