jueves, 14 de febrero de 2008

Nada nuevo bajo el sol


No nos perjudica tanto vuestra enemistad
como vuestra amistad justificada por nuestra debilidad,
ya que para los súbditos el odio es un ejemplo manifiesto de poder.

Hace 2400 años, aproximadamente, esa fue la manera en que los embajadores atenienses intentaron intimidar a los ciudadanos de Melia para que se les sometieran en vasallaje y aceptaran la democracia como su forma del gobierno. Esto último era indispensable, no porque estuvieran preocupados por el desarrollo político de los melios, sino porque en ese momento Atenas se encontraba enfrascada en una carrera territorial y armamentista contra Esparta, cuya forma de gobierno era la oligarquía, en lo que yo reconozco como la primera guerra fría de la historia.
La guerra terminó como terminan todas las guerras frías: derribando un muro. Cercados por todas partes, sin aliados, y acosados de hambre y epidemias, los atenienses se vieron obligados a despedazar la muralla que Pericles construyera un par de décadas antes. Acto seguido, en Atenas se declaró la oligarquía como la forma de gobierno oficial. Seguro que los espartanos proclamaron en ese entonces “el fin de la historia”.
Por cierto, Melia fue arrasada, sus hombres degollados, y sus mujeres y niños vendidos como esclavos. Afortunadamente en ese entonces no se había desarrollado la industria de los medios masivos de información, que si no, en vez de los relatos de Tucídides, la crónica de la masacre se hubiera reportado así:

Fuerzas atenienses se enfrentan con extremistas melios. En el enfrentamiento 3000 melios murieron y 200 atenienses resultaron heridos. Después de la batalla, los ciudadanos de melia dieron la bienvenida al ejército victorioso y apedrearon las suntuosas mansiones de la junta militar que gobernaba la isla...........
Y ahora los deportes, en la vigésimo sexta olimpiada, el pugilista Linfócrates de Tisímaco dio positivo para sustancias prohib....

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En las tupidas selvas de Malasia fue que me topé con el monstruo. Lo enfrenté valientemente —no podía esperar menos de mí— pero pese a todos mis esfuerzos, el fuego de mis armas no lo dañaba. Cuando se acabó la munición la emprendí a golpes con él; más daño le hicieron un par de mentadas, que no sé si comprendió, y me vi precisado a efectuar una retirada estratégica (ojo, no fue una huída). Escondíme en lo recóndito de la selva, pero el bruto tenía visión infrarroja, y como siempre he sido muy calientón, —a según me han dicho dos que tres novias— no tenía ninguna dificultad en encontrarme. Decidido a seguir luchando hasta la muerte, me metí en un río, en parte porque me gusta estar limpio cuando peleo, en parte porque pensé que era por el olor por lo que me seguía el rastro. El monstruo se acercó hasta casi tocarme, no obstante, parecía confundido, —fue entonces que descubrí lo de la visión infrarroja... lo cual prueba que no soy sólo un saco de músculos— situación que aproveché para alejarme y cubrirme con lodo para disminuir mi temperatura corporal de manera estable mientras me retiraba para prepararme y combatir otro día. Poco tiempo después pude matar a la mala bestia y, además, gracias al lodo, mi piel quedo lisita y libre de espinillas.

Así Me Escapé del Depredador

Así Me Escapé del Depredador
Diciembre 2007