lunes, 31 de marzo de 2008

Fitna 2


Cambio de página; aparece en el libro abierto el siguiente texto:

—Deuteronomio 20,17:
en las ciudades de estos pueblos que Jehovah tu Dios te da por heredad, no dejarás con vida a ninguna persona. Los destruirás completamente, como Jehovah tu Dios te ha mandado.

En la página derecha aparece Moshe Dayan dando un discurso, en yidish por supuesto, los subtítulos en inglés aclaran la situación; refiriéndose a los palestinos dice:

—¡van a seguir viviendo como perros, y el que quiera irse, que se vaya!

Corte a un suburbio israelí, cerca de la frontera con Gaza, por las orillas del asentamiento pasean tres adolescentes con sus kipás, a la espalda cada uno carga su respectivo rifle Kalashnikov. Detrás de la reja fronteriza sólo se ve desolación.

Mientras pasan las imágenes, Dayan sigue hablando, ahora su lógica canina le impele a decir:

—Israel debe ser como un perro rabioso, demasiado peligroso para molestarlo.

Salto de página.

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En las tupidas selvas de Malasia fue que me topé con el monstruo. Lo enfrenté valientemente —no podía esperar menos de mí— pero pese a todos mis esfuerzos, el fuego de mis armas no lo dañaba. Cuando se acabó la munición la emprendí a golpes con él; más daño le hicieron un par de mentadas, que no sé si comprendió, y me vi precisado a efectuar una retirada estratégica (ojo, no fue una huída). Escondíme en lo recóndito de la selva, pero el bruto tenía visión infrarroja, y como siempre he sido muy calientón, —a según me han dicho dos que tres novias— no tenía ninguna dificultad en encontrarme. Decidido a seguir luchando hasta la muerte, me metí en un río, en parte porque me gusta estar limpio cuando peleo, en parte porque pensé que era por el olor por lo que me seguía el rastro. El monstruo se acercó hasta casi tocarme, no obstante, parecía confundido, —fue entonces que descubrí lo de la visión infrarroja... lo cual prueba que no soy sólo un saco de músculos— situación que aproveché para alejarme y cubrirme con lodo para disminuir mi temperatura corporal de manera estable mientras me retiraba para prepararme y combatir otro día. Poco tiempo después pude matar a la mala bestia y, además, gracias al lodo, mi piel quedo lisita y libre de espinillas.

Así Me Escapé del Depredador

Así Me Escapé del Depredador
Diciembre 2007