lunes, 31 de marzo de 2008

Fitna 1

Según le explicó a Mastropiero,
los musulmanes más fanáticos eran llamados “Muy-sulmanes”;
y por el contrario los que sólo cumplían en parte los preceptos de Mahoma
eran “Ma-o-menos”. -Les Luthiers-


Fondo negro; disolvencia a las primera páginas de un libro abierto: A la derecha, la caricatura de Rius donde Jesucristo guía a un jerarca de la iglesia revestido de oro. A la izquierda, un cronómetro avanza mientras hace su acostumbrado tic tac.

Vuelta de página, a la izquierda, las siguientes palabras aparecen lentamente:

—Éxodo 23,27:
Yo enviaré mi terror delante de ti y traeré confusión a todo pueblo donde tú entres.


Las palabras se quedan mientras en la página derecha aparecen imágenes de las retroexcavadoras israelíes arrasando casas y disparando al azar contra sus ocupantes; algunos huyen, otros les tiran piedras.

La página derecha se abre, se ven imágenes de un F15 sobre Beirut, estrellas de David bajo las alas, deja caer tres objetos brillantes y enseguida se oyen las explosiones. Al fondo, un par de edificios departamentales se desploma.

Corte a un grupo de libaneses retirando escombros, debajo de ellos se vislumbra una mano.

Medium-Long del mismo grupo de libaneses trabajando, han logrado desenterrar medio cuerpo de una niña. Close up al rostro, está muerta.

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En las tupidas selvas de Malasia fue que me topé con el monstruo. Lo enfrenté valientemente —no podía esperar menos de mí— pero pese a todos mis esfuerzos, el fuego de mis armas no lo dañaba. Cuando se acabó la munición la emprendí a golpes con él; más daño le hicieron un par de mentadas, que no sé si comprendió, y me vi precisado a efectuar una retirada estratégica (ojo, no fue una huída). Escondíme en lo recóndito de la selva, pero el bruto tenía visión infrarroja, y como siempre he sido muy calientón, —a según me han dicho dos que tres novias— no tenía ninguna dificultad en encontrarme. Decidido a seguir luchando hasta la muerte, me metí en un río, en parte porque me gusta estar limpio cuando peleo, en parte porque pensé que era por el olor por lo que me seguía el rastro. El monstruo se acercó hasta casi tocarme, no obstante, parecía confundido, —fue entonces que descubrí lo de la visión infrarroja... lo cual prueba que no soy sólo un saco de músculos— situación que aproveché para alejarme y cubrirme con lodo para disminuir mi temperatura corporal de manera estable mientras me retiraba para prepararme y combatir otro día. Poco tiempo después pude matar a la mala bestia y, además, gracias al lodo, mi piel quedo lisita y libre de espinillas.

Así Me Escapé del Depredador

Así Me Escapé del Depredador
Diciembre 2007