Dicen los americanos
que para el año dos mil,
llegarán hasta la luna
con su torre de marfil.
Corrido de Jhonny López - Oscar Chávez
Llegaron antes, es verdad, y es por eso que esta estrofa es representativa de la manera en que la modernidad —arrastrada por su propia inercia tecnológica— se ha superado a sí misma. Pese a los conflictos que existen (siempre existen) para definir académicamente el concepto de post-modernidad, existe un acuerdo entre los autores con respecto a la tecnología como el estandarte inconfundible de la era post-moderna; sobre todo aquella tecnología que tiene que ver con el manejo y transmisión de la información y el conocimiento, desarrollada a mediados de siglo, cuya evolución y sus consecuencias no encajaron en las previsiones de los teóricos sociales de aquel entonces. Es así como se señala que son propios de la post-modernidad “los problemas de comunicación y cibernética [...] los problemas de almacenamiento de información y bases de datos [...] la telemática y el perfeccionamiento de terminales inteligentes” (Lyotard, 1979); que la post-modernidad se organiza alrededor de “nuevas tecnologías de información, comunicación y genética”(Best y Kellner, 2001); a consecuencia de lo cual —o quizá a la par de lo que— el mundo se interconecta política y económicamente en el fenómeno que se ha dado en llamar globalización.
Todo esto es indudablemente cierto, sin embargo, existe otra característica que quizá sea más representativa de la post-modernidad que las anteriores: la desesperanza. La humanidad llega a lo post-moderno después de haber sido traicionada en sus sueños más sinceros. Estos sueños, estas “metanarrativas”, dice Lyotard, han sido confrontadas por la ciencia y la ciencia “ha probado que son fábulas”. No creo que este sea el caso, por dos cosas: la primera, fue la historia y no la ciencia la que dio al traste con estas metanarrativas y, la segunda, la ciencia también creó y llevó al extremo sus propias metanarrativas. No es pues, sólo la ciencia quién desconfía de ellas, sino la humanidad entera. A la sombra de esta desconfianza, las sociedades han sido presa fácil de una especie de triunfalismo capitalista. ¿A qué nos referimos con triunfalismo capitalista? ¿Cuáles son las consecuencias culturales de éste? No se pierda la emocionante continuación de esta, por el momento, desabrida introducción.
que para el año dos mil,
llegarán hasta la luna
con su torre de marfil.
Corrido de Jhonny López - Oscar Chávez
Llegaron antes, es verdad, y es por eso que esta estrofa es representativa de la manera en que la modernidad —arrastrada por su propia inercia tecnológica— se ha superado a sí misma. Pese a los conflictos que existen (siempre existen) para definir académicamente el concepto de post-modernidad, existe un acuerdo entre los autores con respecto a la tecnología como el estandarte inconfundible de la era post-moderna; sobre todo aquella tecnología que tiene que ver con el manejo y transmisión de la información y el conocimiento, desarrollada a mediados de siglo, cuya evolución y sus consecuencias no encajaron en las previsiones de los teóricos sociales de aquel entonces. Es así como se señala que son propios de la post-modernidad “los problemas de comunicación y cibernética [...] los problemas de almacenamiento de información y bases de datos [...] la telemática y el perfeccionamiento de terminales inteligentes” (Lyotard, 1979); que la post-modernidad se organiza alrededor de “nuevas tecnologías de información, comunicación y genética”(Best y Kellner, 2001); a consecuencia de lo cual —o quizá a la par de lo que— el mundo se interconecta política y económicamente en el fenómeno que se ha dado en llamar globalización.
Todo esto es indudablemente cierto, sin embargo, existe otra característica que quizá sea más representativa de la post-modernidad que las anteriores: la desesperanza. La humanidad llega a lo post-moderno después de haber sido traicionada en sus sueños más sinceros. Estos sueños, estas “metanarrativas”, dice Lyotard, han sido confrontadas por la ciencia y la ciencia “ha probado que son fábulas”. No creo que este sea el caso, por dos cosas: la primera, fue la historia y no la ciencia la que dio al traste con estas metanarrativas y, la segunda, la ciencia también creó y llevó al extremo sus propias metanarrativas. No es pues, sólo la ciencia quién desconfía de ellas, sino la humanidad entera. A la sombra de esta desconfianza, las sociedades han sido presa fácil de una especie de triunfalismo capitalista. ¿A qué nos referimos con triunfalismo capitalista? ¿Cuáles son las consecuencias culturales de éste? No se pierda la emocionante continuación de esta, por el momento, desabrida introducción.

1 comentario:
Lo postmoderno es muchas veces ligado a la era de la información-comunicación, nos obliga a saber-hacer, cada día estamos más preocupados por acumular conocimientos y nos olvidamos poco a poco del Saber-Ser, sería esa mi idea de la desesperanza, el ser humano se olvida de sí mismo para enfocarse en lo global, para formar parte de ello.
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