Terrorismo: Cualquier acto [...] destinado a causar la muerte o lesiones corporales graves a un civil o a un no combatiente, cuando el propósito de dicho acto, por su naturaleza o contexto, sea intimidar a una población u obligar a un gobierno o a una organización internacional a realizar una acción o abstenerse de hacerla. (ONU, 2004)
Luego entonces, Ahmed y Aziz pueden ser llamados terroristas, y seguirán siendo considerados tales en tanto no añadan a sus cohetes miAlegría un dispositivo de navegación capaz de encontrar la chimenea de la casa donde vive Ehud Barak. Mientras eso no suceda, la totalidad de la población israelí corre el grave peligro de morir de risa en caso de avistar alguno de los citados armatostes; tanto así dan pena ó, como diría Germán Dehesa, “matan del puro fierrazo”. Pero bueno, son actos destinados a causar la muerte o lesiones graves a un civil o a un no combatiente, con el propósito de obligar a un gobierno a realizar una acción o a abstenerse de hacerla. Qué decir, sin embargo, de los aviones israelíes que constantemente patrullan la franja de Gaza a velocidades supersónicas, o de las bombas que tiran en medio de las peregrinaciones y los funerales, ¿son atentados terroristas? De ninguna manera. Son, a decir de la comunidad occidental, ataques quirúrgicos, aunque, lo que es a mí, no me presenten a ese cirujano, que parece que, en vez de bisturí, trabaja con un hacha.

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